Con emoción hay aprendizaje duradero

La emoción, la cognición y el aprendizaje son tres elementos inseparables, están vinculados hasta la médula, nunca mejor dicho, y no deberíamos jugar a confrontarlos, algo que metafóricamente ocurriría al pensar en cada uno de estos procesos cerebrales como hechos aislados e independientes y sin tener en cuenta su íntima relación.

La apasionante neurociencia ya nos da respuesta a cómo ocurren los procesos de aprendizaje a partir del establecimiento de conexiones neuronales, los elementos esenciales para optimizar dichas conexiones son las emociones, la plasticidad del cerebro, el entorno, la experiencia y la importancia del movimiento en el aprendizaje.

Pero volvamos al trío inseparable para entender el lugar de cada uno de ellos dentro de los procesos de aprendizaje y la repercusión que eso representa a nivel educativo.

El aprendizaje

Vamos a empezar por el final. El aprendizaje es el resultado de un proceso complejo y existe cuando hay adquisición o cambio de habilidades, conocimientos, conductas y valores por medio de la observación, la experiencia y el razonamiento, también por la instrucción. Se ve favorecido por la motivación y ocurre cuando la persona relaciona la información nueva con la que ya tiene de forma que ambas confluyen para reconstruir y reajustar lo aprendido. Es lo que David Ausubel llamó aprendizaje significativo.

Las personas tenemos motivaciones e intereses distintos, nuestros entornos son diferentes, nuestro carácter, edad, experiencias y nuestra forma de percibir el mundo y sentir es distinta, todo esto hace que aprendamos de maneras diversas.

Atender, aprender y memorizar algo es mucho más fácil cuando se despierta nuestra atención, el interés, cuando tiene significado para nosotros, cuando nos conecta internamente porque nuestras habilidades entran en juego, sentimos que avanzamos mientras se retroalimenta la motivación y nos vamos sintiendo llenos de “poder”, en definitiva, cuando nos emociona. El aprendizaje se vuelve duradero.

Francisco Mora nos dice “Solo se puede aprender aquello que se ama”. No te pierdas la “emocionante” charla con Francisco Mora realizada por Acción Magistral.

La emoción es la puerta de entrada al aprendizaje, despierta la atención y por tanto la motivación. Ponemos atención a lo que nos ofrece una respuesta, ya sea negativa o positiva, ancestralmente tiene que ver con la supervivencia del individuo y eso nos ayuda a entender mejor el proceso de aprendizaje.

Etimológicamente emoción procede del latín “emotio” que significa movimiento o impulso, aquello que te mueve hacia algo y te induce a la acción. De ahí que las emociones son importantes para el aprendizaje y cobran un papel protagonista en la educación moderna.

La emoción es una reacción psicofisiológica, tiene lugar en el cerebro límbico donde se sitúa la amígdala considerada base de la memoria efectiva y permite al individuo adaptarse al entorno. Altera la atención, condiciona la conducta (estar o no motivado) y con ella el tipo de reacción ante un estímulo determinado. Además, activa la función cerebral de asociación de ideas que tanta importancia tiene en la memoria. La emoción desemboca en sentimiento, podemos verbalizarla y genera toda nuestra comunicación no verbal.

Daniel Goleman, autor de “Emotional Intellingence” comparte que cuando estamos dominados por el anhelo y la furia, trastornados por el amor y retorcidos de temor, es ahí cuando se está dominado por el cerebro límbico.

Si el cerebro límbico tiene tanto poder, ¿por qué desatenderlo? Atenderlo puede significar claramente optimizar al máximo las capacidades de las personas.

La cognición

El proceso cognitivo por el que se crea un pensamiento tiene lugar en el neocórtex y se genera a partir de los elementos básicos que tienen ya un significado por sí solos, las emociones. Como vemos, las emociones contagian e influencian las funciones cognitivas.

La cognición es la capacidad que tenemos para procesar la información a partir de la percepción y la experiencia. La conforman procesos como el razonamiento, la atención, la memoria, la resolución de problemas, la toma de decisiones, el procesamiento del lenguaje, anticipación a situaciones, establecimiento de metas, planificación y programación, operaciones mentales, autorregulación, capacidad de juicio y distinción entre el bien y mal.

Etimológicamente cognición procede del latín “cognoscere” y significa conocer.

Primero emoción luego aprendizaje

En un entorno educativo respetuoso, amable y motivador las personas se muestran receptivas a la información que les rodea, no existe un proceso emocional negativo que genere una actitud de huida del proceso de aprendizaje.

Los sentidos son la entrada más potente de toda esa información que se procesará en el neocórtex. Podemos entender que el hecho de poner en funcionamiento repentino el área ejecutiva del cerebro, sin utilizar la información que entró en él a través del límbico, puede ser como empezar a construir una casa por el tejado o correr los 100m lisos sin preparación previa, una acción inestable y agotadora carente de significado.

Todo este razonamiento o procesado de información a partir de materia prima es el que está implicado en el aprendizaje. El aprendizaje duradero se da cuando la información primaria ha sido considerada y redirigida al lugar adecuado para alimentar habilidades ejecutivas del ser humano, esto permite que aprenda y se desarrolle en su entorno a través de la experiencia y el aprendizaje significativo, con implicación directa a nivel educativo.

 

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